Sam Ballard, en 2010, y sus amigos festejaban su cumpleaños número 19, hasta que encontraron una babosa en el piso y lo retaron a comérsela. Pensando que nada le ocurriría, aceptó el reto.

Sam comenzó a sentirse mal y tuvieron que llevarlo al hospital, donde le diagnosticaron una infección con un parásito conocido como Angiostongylus cantonensis. Al principio la infección no tiene consecuencias, pero en esta ocasión le generó una afección cerebral que lo obligó a estar en coma durante más de un año.

Después de tres años de haber ingresado al hospital fue dado de alta, y desde entonces sufre de convulsiones, no puede controlar la temperatura de su cuerpo y tiene que ser alimentado por un tubo.